¿Cómo empezamos?
                                                                                                   

Ya casi hace cien años nuestros antepasados empezaron con el cultivo del café, la mayoría de altura entre 800 y 1200 metros sobre el nivel del mar. También sembramos maíz, frijol, un poco de chile, verduras y también árboles frutales que tenemos en nuestros ranchos como son: naranjos, limón dulce, plátanos, aguacates, chico-zapotes, zapote negro, mamey, mango y otros que utilizamos sólo en nuestra alimentación.

Siempre habíamos tenido problemas en la venta de nuestro café. Antes no teníamos brechas y lo vendíamos a marchantes y acaparadores que vinieron con sus bestias a la montaña y nos lo pagaban barato y como no había más compradores, ni teníamos medios para llevarlo a la ciudad de Ixtepec, se lo teníamos que vender a ellos.

Después vinieron unas compañías explotadoras de la madera que hicieron brechas para poder sacar mucha de nuestra madera fina y hasta 1977 estuvieron trabajando en la zona cuando logramos sacarlos porque pagaban muy bajo el precio de la madera. Por las brechas abiertas vinieron los carros de compradores de café y muy pronto también el 'INMECAFE' (Instituto Mexicano del Café), quien abrió centros de recepción. Con esto se mejoró un poco el precio. Nos daban anticipos para las labores de cultivo, en forma de habilitación en fertilizantes o dinero, pero muchas veces los encargados de los centros de recepción nos descontaban dizque porque iba húmedo o manchado y nos hacían otros descuentos más. Nos dijeron también que era mejor trabajar con el Banco y conseguimos créditos. Pero muchas veces no nos alcanzó el dinero del café para pagar nuestras deudas con el Banco, porque ellos cobraron intereses altos, no nos hacían válidos los seguros que nos hacían comprar y algunas veces los técnicos y encargados nos engañaron y teníamos que pagar más de lo que debíamos.

Así trabajamos un poco tristes por las deudas con el Banco que nos pesaban mucho. El precio del café no nos alcanzaba para mantener a la familia, teníamos que trabajar muy duro sobre todo en tiempos de limpia y corte de café. Últimamente tenemos que combatir la roya que cayó en los cafetales y como consecuencia nos trajo más trabajo y más gastos.

En este ciclo 82/83 enviamos bastante café pergamino seco y oro a la planta de ARIC-nacional que está ubicada en la ciudad de México. Nos pagaron mejor que en el Instituto, aunque teníamos que esperar mucho para los pagos y apenas en Octubre de 1982 nos liquidaron todo. Esto fue de vez en cuando un problema, algunos socios se desanimaron porque querían ver rápido su dinero. No sabían bien que ARIC tenía que vender nuestro café primero para después poder pagarnos. Por eso nos tenían bien apretados, pero al final nos beneficio ya que obtuvimos mil pesos más por quintal del precio que pagaba el Instituto.

Casi cuatro ciclos más estuvimos en esta misma situación de tal manera que unos compañeros desanimados salían; llegamos a plantearnos dejar de venderselo a ARIC y ofrecérselo al Instituto o a cualquier acaparador. A pesar de que ya habíamos dado mucho tequio y cooperaciones en dinero para poder mover el café e ir a México, así como mucha pérdida de tiempo ya que teníamos que esperar los carros o los trailers en Ixtepec porque nosotros mismos lo teníamos que cargar,  no nos salimos de la organización para vender nuevamente el café al acaparador porque valoramos lo que estábamos aprendiendo, en este inicio de caminar juntos. "Caminante no hay camino se hace camino al andar..." lo otro era dar paso atrás. No fue fácil seguir adelante, pero lo hicimos con la esperanza de llegar a tener personalidad jurídica sacando nuestro registro y así poder exportar directamente nosotros mismos.

Ya para entonces habíamos aprendido a pesar y catar el café, a hacer recibos, donde conseguir costales, cómo contratar carros que nos bajaron el café a Ixtepec y desde ahí conseguir trailers. Algunos ya habían perdido el miedo de irse con su café a México, otros empezaban a hablar por teléfono, sin embargo, nos faltaban aún lo más importante: todo lo del beneficiado y comercialización del café, ya que nosotros lo único que conocíamos de máquinas era la pequeña despulpadora y el molinito de mano, de ahí muchos ni conocíamos la ciudad de Ixtepec.

Entre tanto vimos la necesidad de organizarnos más y mejor.

Los delegados tenían cada mes la Asamblea en Santa María Guienagati donde se ponían de acuerdo según las costumbres de nuestros antepasados. Los acuerdos los tomamos cuando hay consenso.

Eran acuerdos para llevarlos a nuestras comunidades con el problema de que no siempre asistíamos todos. Hacíamos nuestra reunión para ver, discutir y analizar las cosas de interés para todos.

En 1983, hicimos otra vez asambleas y luchamos para ser una organización legal, una Unión de Comunidades Indígenas (UCI). Con muchas idas y venidas de delegados acompañados de un misionero ibamos a las oficinas en las que teníamos que estar en Oaxaca o en México con nuestros papeles hasta que logramos el número del Registro Agrario. Entre tanto ya nos habíamos juntado 17 pueblos con sus rancherías o ejidos.

El próximo paso fue la lucha para conseguir el permiso de exportación. Esto nos causó muchos dolores de cabeza y de vez en cuando perdimos la paciencia y la esperanza. Pero gracias a Dios y al esfuerzo de varios delegados, sobre todo del Consejo de Administración y Vigilancia, por fin los funcionarios de estas oficinas nos dieron el permiso, quizás no de buena gana, pero sí por nuestra insistencia y perseverancia para lograr esos permisos.

Entre tanto nos vinieron a visitar algunos extranjeros holandeses y alemanes que tenían muchas ganas e interés en apoyar nuestra lucha; eran representantes de grupos de solidaridad que compran café directamente con los campesinos pobres. Es un movimiento de mucha gente, jóvenes, amas de casa, estudiantes y a su organización la llaman 'El Mercado Alternativo'. Ellos compran productos sin intermediarismos y con precios acordados con los pequeños productores organizados y dan información a los consumidores sobre los condiciones del mercado "libre" que no es tan libre para los pobres y explotados.